Volar en Europa será más caro para no contaminar

Cuando hablamos de la contaminación atmosférica comúnmente se nos viene a la mente los automóviles, camiones, refinerías y fábricas con grandes chimeneas lanzando humo negro día y noche.

Pero debemos tomar en cuenta que todo vehículo que utilice gasolina a base de petróleo es un potencial contaminante, y eso incluye también los aviones en los que viajamos ya sea por cuestiones de negocio o meramente personales.

Muchas personas, debido a que no son conscientes de la cantidad de aviones que comparten en cielo, difícilmente se pueden dar una idea de la cantidad de contaminación que pueden emanar en un solo día, algo que no se nos dificulta con los vehículos de ruedas, pues en un simple día de tráfico es bastante notorio la increíble cantidad de autos contaminando.

De acuerdo a los datos que arroja Fightradar24, en un día pueden volar al menos 18.000 aviones, como los datos arrojados un lunes de julio de 2018.  Pero hay días como el 25 de marzo de 2019, que han compartido el cielo cerca de 170.000 aviones en 24 horas.

Las emisiones que liberan todos estos aviones a la atmósfera es abrumador, pues tan solo la industria aeroportuaria es responsable del 2% de la contaminación atmosférica que contribuyen al calentamiento global, que aunque parezca un porcentaje bastante pequeño, es suficiente para golpear duro a nuestro planeta.

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Se predecía que para este 2020, las aerolíneas aumentarían hasta un 70% su contaminación a comparación del 2005. Aunque con la llegada de la pandemia que impidió muchos vuelos, posiblemente no se llegó a un índice muy alto.

Pero ahora que los vuelos están reiniciando poco a poco, posiblemente se logre la predicción que para el 2050, las aerolíneas y otras empresas de aviación aumentarán hasta un 700% el índice de contaminación, algo verdaderamente preocupante que se debe atender ya mismo.

Solo para darnos una idea, en 2017 se calcula que se vertieron a la atmósfera cerca de 860.000.000 de toneladas de CO2 a la atmósfera, según datos de Air Transport Action Group. Y si lo comparáramos con un carro mediano, este puede liberar 104 kilos de CO2 a la atmósfera incluso con cuatro pasajeros, mientras que un avión libera 184 kilos por cada pasajero, ambos desplazándose a la misma distancia.

¿Ya es más clara la gravedad del asunto? Por ello, diversos países europeos ya se han puesto manos a la obra para hacer cambios radicales en la forma en la que se volará en un futuro muy próximo, y aunque a nadie le gustarán los cambios de precios y las limitaciones planeadas, será un gran incentivo para que esta industria deje de matar nuestro futuro cada día.

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Suecia y Francia dan un ultimátum a las malas prácticas aeroportuarias altamente contaminantes

No se trata de medidas repentinas, sino de toda una planeación que se viene cocinando desde hace años y que finalmente han sido anunciadas para aplicarse a largo plazo, y esto estará aplicando en varios países preocupados por el futuro del planeta.

Suecia hizo su anuncio en la primera quincena de abril a través del ministro de Medio Ambiente, Per Bolund, quien también encabeza el Partido Verde sueco, y se trata de un aumento de impuestos a las aerolíneas (y por consiguiente a los pasajeros) al despegue y aterrizaje de los aeropuertos más concurridos de la nación.

Se trata del aeropuerto de Arlanda en Estocolmo, y el Landvetter ubicado en Gotemburgo. Este impuesto afectaría a los aviones antiguos que contaminan más, obligando a aquellas aerolíneas a que actualicen sus aviones a modelos que contaminen menos, o al menos a limitar el uso de aviones más contaminantes.

Esto se traduce en un mensaje de que las aerolíneas más sostenibles serán recompensadas, pero esto no solo incluye al tipo de avión que manejen, sino también al tipo de combustible, pues aunque los aviones no sean demasiado nuevos, aquellos que usen biocombustibles se librarán de este impuesto.

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Y seguramente serán medidas muy bienvenidas por la población sueca, si tomamos en cuenta que aquí fue donde nació la tendencia del «flyhkam», o mejor conocido como «vergüenza de volar» que en su momento preocupó a las aerolíneas cuando este gran movimiento cobró fuerza.

Se dice que en 2018 este movimiento que manejó una gran publicidad impactante de concientización, logró que el 23% de la población sueca renunciara rotundamente a volar, para no sentir la vergüenza de ser parte de una industria altamente contaminante que ha puesto de su parte para el descongelamiento de los polos y la muerte de muchas especies de animales.

Durante la información lanzada en este movimiento, subrayaban que son los vuelos cortos los que especialmente contaminaban la atmósfera, al ser el porcentaje de vuelos que más mantenían los aviones en el aire y contaminando, cuando el mismo trayecto podría realizarse en medios de transporte más sostenibles como el tren.

Esto es lo que Francia ha venido a erradicar, así lo mencionó días después de que Suecia hiciera su gran anuncio. Por su parte, el gobierno francés pretende reducir las emisiones de sus aviones eliminando los vuelos en casa, es decir, vuelos nacionales.

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La Asamblea Nacional de Suecia, anunció este 12 de abril una ley que prohíbe los vuelos de corto alcance, o al menos aquellos que fácilmente puede ser cubierto por su servicio de tren, que de hecho son lo suficientemente rápidos como para no entorpecer el traslado de los pasajeros.

El presidente Macron, ha manifestado su objetivo de disminuir las emisiones generales en Francia un 40%, teniendo como referencia los índices de contaminación desde 1990, y teniendo como plazo hasta el 2030 para lograrlo.

Se dice que algunos vuelos domésticos entre Nantes, París, Lyon y Burdeos, serán algunos de los trayectos que podrían desaparecer al ser perfectamente cubiertos por el servicio de tren que puede llevar a sus pasajeros a sus destinos en 2 horas.

Estas nuevas medidas fueron muy criticadas, por lo que podrían cambiar o evolucionar una vez implementadas

Si bien se ha hecho todo lo posible por que estas medidas den sus frutos a largo plazo, lo cierto es que se ha encontrado con obstáculos y críticas incluso antes de ser puestas en marcha.

En el caso de Francia que quiere impulsar el uso de su sistema ferroviario, primero tendrá que invertir en reparar y solucionar varios problemas, como es el caso de la región Macizo Central, una de tantas localidades que podría quedarse totalmente desconectado.

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Esto debido a que son regiones cuyas condiciones geográficas son difíciles (montañas y mesetas en este caso), no cuenta con una apropiada conexión con el sistema del tren, y podría quedar aislada del resto del país, ya que la forma más factible de llegar es por aire.

Y Suecia tampoco se libra de las críticas, especialmente luego de anunciar sus presupuestos para obras de carreteras y líneas ferroviarias que no significan ni una fracción de lo que se necesita para realizar las reparaciones y optimizaciones pertinentes.

Las críticas también explotaron por la apuesta por trenes de alta velocidad que tienen poco valor para el transporte real de los ciudadanos, exigiendo al gobierno sordo que mejor invierta en dobles vías para trenes y carreteras, en vez de proyectos ostentosos que no harán el gran cambio que tanto prometen.

Recientemente, Francia fue criticada por sus acciones contradictorias al inyectarle a la aerolínea de Air France cerca de 4 millones de euros para recapitalizar a esta empresa privada para evitar su quiebra luego de la paralización de actividades turísticas por la pandemia.

Prácticamente la mayor parte de las empresas de aerolíneas fueron golpeadas de 200 aeropuertos que están a punto de quedar en banca rota al prohibir los egresos e ingresos de turistas y pasajeros que se trasladan por otras cuestiones.

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Esto, sin embargo, podría ser una situación que podría ser un excelente pretexto para empezar con la implementación del plan antes mencionado, solo falta que lo aprovechen y empiecen a apostar inyectarle más para adecuar la infraestructura ferroviaria.

Otra preocupante es que no está muy claro si los trenes con su infraestructura actual podrán resistir el aumento de viajeros gradual, y qué lugares se verán afectados por carencia de rutas en los terrenos más difíciles, lugares que no solo estarán desconectados de otras localidades, incluso de toda Europa.

Y todo parece indicar que esta tendencia podrá expandirse a más países europeos en su compromiso por salvar el único mundo donde podemos vivir.

Recientemente la presidenta de la Comisión Europea, también ha manifestado su deseo de erradicar las emisiones radicalmente hasta de 2050 aumentando el precio de los boletos de avión, algo ya impuesto por el gobierno de Australia en todos sus vuelos menores a 350 kilómetros, así que puede que recibamos más noticias al respecto en otros países europeos muy pronto.